La Ermita de Samangos, único vestigio de un poblado desaparecido, recupera su esplendor
Grisel · Comarca de Tarazona y el Moncayo
La Ermita de Samangos, el único vestigio que perdura del antiguo poblado homónimo, ha sido objeto de una profunda restauración entre 2009 y 2010. Esta modesta construcción de ladrillo y tapial, cuya antigüedad exacta se desconoce, ha sido objeto de intervenciones previas en 1977, gracias al esfuerzo de los vecinos de Grisel. Sin embargo, el deterioro estructural y del tejado motivó una nueva actuación, financiada por el Ayuntamiento y la Diputación Provincial, para devolverle su dignidad.
Samangos, situado a unos tres kilómetros de Grisel, tiene sus orígenes documentados en el siglo XII. A lo largo de los siglos, su historia estuvo ligada a la de Grisel, especialmente tras la compra de ambos lugares por el Cabildo de la Catedral de Tarazona. El poblado fue abandonado progresivamente por sus habitantes, en parte debido a la expulsión de los moriscos en 1610, un evento que diezmó su población. A pesar de los intentos de repoblación con cristianos viejos, Samangos nunca recuperó su vitalidad y sus tierras fueron finalmente anexionadas a Grisel en el siglo XVIII.
Actualmente, la Ermita de Samangos es el epicentro de una tradición inmemorial que se celebra cada 23 de abril. En esta fecha, los habitantes de Grisel se congregan en procesión para conmemorar la vuelta de los moriscos que residían en Samangos hacia finales del siglo XVI. Este acto anual mantiene viva la memoria de un poblado que, aunque desaparecido, sigue presente a través de su ermita y las historias que evoca.
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