La matanza del cerdo, un rito familiar arraigado en la tradición rural
Cihuela

La matanza del cerdo, más allá de una necesidad, representa un auténtico rito familiar en el entorno rural. El proceso comienza la víspera con la dieta del animal para asegurar la limpieza de sus vísceras, preparando el escenario para el sacrificio al amanecer.
El ritual implica la sujeción del cerdo para desangrarlo, recogiendo la sangre para evitar su coagulación, y posteriormente chamuscar la piel con fuego para facilitar el despojado del pelo. Tras este paso, los más jóvenes suelen disfrutar de la punta del rabo caliente, una pequeña tradición.
Finalmente, el animal se abre en canal, se separan y limpian las tripas para su posterior uso en embutidos, y se procede al troceado de la carne antes de que anochezca, siguiendo el dicho popular de que el cerdo no debe "ver la luna".