Gómara: Un viaje por su historia desde la Edad Media hasta el Condado
Gómara
La villa de Gómara, históricamente vinculada a la fortaleza de Peñalcázar y a las disputas entre aragoneses y castellanos, posee vestigios visigodos según referencias de Gaya Nuño. Su devenir estuvo marcado por su pertenencia al obispado de Osma desde 1136, concedida por Alfonso VIII, hasta 1578, cuando Felipe II la incorporó a la Corona.
Durante siglos, los obispos otorgaron privilegios a sus vecinos, como la franquicia de portazgo para comerciar libremente por todo el país, concedida por Fernando IV en 1299. Sancho IV autorizó un mercado franco semanal, y Juan II, en 1447, cedió a los moradores la explotación de la dehesa La Mata.
Posteriormente, la villa pasó a manos de los antecesores del condado de Gómara, la familia Salcedo. En 1692, Luis de Salcedo y Arbizu recibió el título de Conde, percibiendo impuestos como el "agasajo de elecciones" y "la razón de pecho", que consistían en carneros, capones y cargas de grano por vecino.