El municipio de Boal, cuyo nombre evoca terrenos comunes de pastoreo, hunde sus raíces en la Prehistoria, con manifestaciones culturales del Neolítico avanzado como túmulos y la excepcional pintura rupestre de la "Cova del Demo". La Edad del Bronce dejó el "Puñal de Penácaros", mientras que la Cultura de los Castros aportó yacimientos como "La Escrita" y "Pendia". La romanización dejó su huella en restos arquitectónicos y cerámicos.
La Edad Media trajo las primeras referencias escritas a finales del siglo XI y principios del XII, vinculadas a instituciones eclesiásticas como el Monasterio de Corias y la Catedral de Oviedo. En el siglo XII, Alfonso VII integró la zona en la obispalía de Oviedo, sentando las bases para la organización social y espacial con la constitución de parroquias. A finales del siglo XIII, la creación de la Puebla de Castropol delimitó el territorio del Honor del Suarón, abarcando las parroquias de Serandinas, Boal y Doiras.
La Edad Moderna se caracterizó por la desvinculación de las parroquias del obispado y la posterior constitución del Concejo de Boal en 1581, con la concesión de jurisdicción civil y criminal y la redacción de las Ordenanzas Municipales de 1584. El siglo XVIII fue testigo de una notable actividad económica, destacando la fabricación de clavos y tachuelas, actividad fundamental que se prolongaría hasta el siglo XIX, cuando la competencia de la producción fabril inglesa provocó su declive.
La Edad Contemporánea se inició con los estragos de la Guerra de la Independencia y un siglo XIX marcado por inestabilidades políticas y sociales, como el intento de independencia de Serandinas o la revuelta de los herreros contra las máquinas de hacer tachuela. El siglo XX vio una fuerte emigración a ultramar, cuyos retornados contribuyeron a la fisonomía de la villa. La construcción del pantano de Doiras y la explotación del wolframio generaron un auge demográfico y económico, aunque el cese de estas actividades y la disminución de las remesas provocaron un posterior despoblamiento.